Fútbol
es fútbol… o no
Todo
vuelve a la normalidad, lentamente. De momento, Barça y Madrid de fútbol han
sido eliminados en la fase de cuartos de la Champions. Además, hoy día, en sus
respectivas ligas confederadas están en puestos de descenso a segunda división.
Eso es sintomático de que la cosa mejora a pasos agigantados. Todos sabemos que
antes eran los dos clubes más grandes del mundo porque todo formaba parte de
una gran cortina de humo. Es obvio que el opio del pueblo ha dejado de funcionar.
Al único brasileño que tienen en sus filas es el encargado del césped. ¡Aúpa Manglanilla
del Melonar Fútbol Club, líder indiscutible del continente!
Con
el paso del tiempo el deporte rey ha sufrido ciertas modificaciones
insustanciales. Es normal, la lógica evolución de las cosas. Empezó con el uso
de la tecnología en los goles fantasmas. Luego se sustituyeron los árbitros por
robots, mucho más precisos. Luego otros robots sustituyeron a los jugadores,
para que las grandes estrellas no se lesionaran (de lesionarse en exceso,
pasaron a ver los partidos sentados en la grada). Como los robots podían
arreglarse con piezas de recambio, se consintió cierta permisividad en el juego
duro. Actualmente, lo juegan robots de diez metros y armados con metralletas,
que bombardean al enemigo con armamento pesado. Eso sí, la pelota es lo de
menos. Aquí lo que cuentan son los contrincantes destruidos. “Ah” (suspiro),
fútbol es fútbol.
El
futuro son las televisiones de pago, dijeron a principios del siglo XXI.
¡Cuánta razón! Eran visionarios. Hoy día es peligroso ir al campo de batalla
fútbol. La gente lo ve por televisión, tranquilamente. Eso ha subido los
índices de cuota de share. Por tanto, los anuncios se pagan más caros. Se puede
decir que en esta oscura época pasada no nos hemos ido a tomar por saco gracias
al fútbol. ¡Qué ironía! Hemos sobrevivido gracias al fútbol y a la burbuja
inmobiliaria. ¡Toma ironía doble! Pero lo de la burbuja ya lo explicaré otro
día.
No
hay rival pequeño. El fútbol es así. Se juega once contra once. Iniesta de mi
vida. El partido no se acaba hasta que pita el árbitro se aniquila al
último rival. Si el fútbol está más vivo que nunca, sólo se puede exclamar: ¡SE
ACABÓ LA SISCRÍ!
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