Año 2062 D.C. (Después de Cristo) / Año 7938 A.A. (Antes del Apocalipsis)

lunes, 23 de julio de 2012

Día 1. Las medidas dan su fruto.


Oficialmente, se ha acabado.

Ya saben a lo que me refiero. No hace falta decirlo. Bueno, no hace falta decirlo, ni quiero. No hace falta, ni quiero, ni tampoco puedo. La primera regla implantada por el actual gobierno es que precisamente está prohibido taxativamente decir la palabra maldita, bajo peligro de prisión o vete a saber qué otras cosas horribles, como practicar la tortura u obligarte a la conversión a la cienciología. Le podemos llamar “aprieto” (de manera muy suave) o de forma coloquial “época chunga”, pero nunca podemos usar su auténtico nombre. A partir de ahora, para evitar conflictos con la justicia, emplearé un término alterado genéticamente, como se hacía allá por los inicios del siglo XXI. Como por ejemplo: MONJA. Si lo dices repitiéndolo muchas veces y rápido: monjamonjamonjamonjamonja… acabas diciendo JAMÓN. Yo, desde mi absoluta capacidad astuta para elucubrar, he creado el término SISCRÍ. Siscrísiscrísiscrísiscrí. No sé si se ha apreciado el sutil término que no se puede ni susurrar… Yo lo dejo ahí.

El gobierno, al que estamos infinitamente agradecidos, nos ha sacado de la maligna siscrí. No ha sido fácil. Ha costado esfuerzo, sudor y lágrimas. Me refiero al pueblo llano. La clase política ha sufrido también sus consecuencias, por ejemplo no poder vestirse de Armani a diario o tener que desplazarse en vehículos de cuatro ruedas, dejando atrás las lujosas limusinas y los rápidos helicópteros particulares. El camino del coche (con climatizador bi-zona), aparcado en la puerta del congreso, hasta la entrada al edificio (con aire acondicionado) puede ser muy sofocante en verano. Incluso a alguno se le ha visto sudando: ¡ellos también sufren!

Las medidas adoptadas por fin han dado su fruto. El tiempo les ha dado la razón. Nadie daba un céntimo por ellos cuando subieron el IVA al 82%. No hay consumismo, porque es imposible, pero el poco que hay, genera beneficios. Hubo muchas críticas cuando obligaron a los funcionarios a trabajar a cambio de una palmadita en la espalda y un cuenco de arroz. Ahora nadie oposita; normal, ya ha dejado de ser un chollo. ¿Y qué decir de cuándo implantaron la tasa por receta? ¿Querías una receta? Pues paga los 1.000 euros de tasa como todo hijo de vecino. La gente casi no enferma nada (mueren directamente), demostrándose así que había mucho caradura suelto. Las restricciones nos duelen a todos, sí, pero duele menos si hay que pagar por los medicamentos.

Hoy tenemos auténticos motivos para gritar de alegría, después de lustros de oscuridad, desesperanza y depresión. por fin podemos vociferar aquello de: ¡SE ACABÓ LA SISCRÍ! 

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